TEA DEPORTEA TEA IMAGEN RADIO TEA CONTACTO HOME >>
INICIO
EDICIONES
EGRESADOS
PASANTÍAS
INVITADOS
NOTICIAS
PROGRAMA DE ESTUDIOS
RECONOCIMIENTOS
SERVICIOS
CONCURSO INTERNO
STAFF
 
 
Charla con ex combatientes de malvinas,
Marcelo Lapajufker (Compañía de Comunicaciones Mecanizada 10, de Palermo), Gustavo Tellini (Regimiento de Infantería 7 de La Plata), Luis Escobedo, Compañía de Comunicaciones Mecanizada 10 de Palermo), Marcelo Rosasco (Regimiento de Infantería 3 de La Tablada) y Luis Leccese (Regimiento de Infantería 7).

“La ‘desmalvinización’ tiene que ver con que los veteranos de guerra no contamos aún con una política de Estado. Todas las leyes que fueron impulsadas salieron del seno de las distintas agrupaciones de veteranos de guerra que hay en Argentina. Por esto, todo lo que tratamos de fomentar para la posguerra está vinculado con la reivindicación de una gesta, teniendo en cuenta que los que volvimos (de Malvinas) somos seres humanos. Fuimos (a la guerra) con 18 años, más o menos, y nuestro regreso fue bastante penoso. El rol psicológico fue uno de los factores importantes. Nadie está preparado para una eventualidad de tal magnitud. Tuvimos que crecer de golpe.” (Tellini)

“Nosotros (Compañía de Comunicaciones Mecanizada 10, de Palermo) volvimos, como los demás compañeros, escondidos como si fuéramos perros sarnosos. En el micro (donde nos trasladaban hacia Campo de Mayo), no podíamos hablar entre nosotros y estábamos vigilados por un policía militar. Nadie sabía dónde estábamos ni a dónde íbamos a parar. Era lo mismo que estar en un campo de concentración.
Al llegar a Campo de Mayo, nos bañamos después de dos meses y comimos. En Malvinas, nunca habíamos comido dos días seguidos. Yo había bajado 16 kilos y tenía las manos y el cuerpo congelados. Estaba enfermo. Pero, cuando un capitán mayor que era médico me preguntó si me sentía bien, le dije que sí. Quizá, si hubiera dicho la verdad, todavía estaría dando vueltas en el Hospital Militar. Nos dejaron unos dos o tres días en Campo de Mayo. Mi familia, que sabía dónde estaba porque el policía militar del micro me había hecho el favor de avisarle, no podía encontrarme por la inmensidad de Campo de Mayo. Ahí empezó, para mí, la ‘desmalvinización’. Nosotros (Compañía de Comunicaciones Mecanizada 10, de Palermo) firmamos una planilla que nos comprometía a guardar silencio sobre qué había pasado en Malvinas. Esto también formó parte del proceso de ‘desmalvinización’, que empezó a abrirse un poco hace cinco años, cuando los medios de comunicación convocaron a ex combatientes para que contaran qué habían vivido en la guerra. Nadie puede contar Malvinas como nosotros. En la guerra, perdimos la dignidad porque nos humillaban y nos olvidamos que teníamos una familia porque pensábamos que no volveríamos a verla. Pero, jamás perdimos la memoria. Los grandes problemas son los muertos en combate y los más de 300 compañeros que se suicidaron.” (Lapajufker)

“Nos decían: ‘Si hablan (de Malvinas), no les damos la baja’. También fue una burla para los argentinos: les negaron la información.” (Tellini)

“No nos olvidemos que la dictadura usó la guerra, esa locura, como último sostén para quedarse en el poder. No hubo un plan sistemático y unificado para que todos nos calláramos. Luego de la rendición, aún estando en Malvinas, las cuestiones se aflojaron un poco. Ante el panorama futuro de la baja, empezamos a perder progresivamente el respeto y a cuestionar incluso la capacidad de los tipos (militares a cargo). Como mecanismo de defensa, (los militares a cargo) nos dijeron que les diéramos por escrito nuestras quejas vinculadas con la guerra. Nadie dijo nada, en medio de tanta angustia y de las ganas de irnos. Las declaraciones aparecieron después en los medios, cuando ya éramos civiles. El apriete fue, quizá, un mecanismo de defensa (de los militares). Hicieron una acción psicológica. No sabíamos qué podía pasarnos si nos quejábamos en el ámbito militar.” (Rosasco)

“El fútbol fue mi cable a tierra. Pero, ni bien llegué (de Malvinas), no quería saber nada con el fútbol. En la guerra, pasamos de ser niños a tener una experiencia traumática, a tomar decisiones en situaciones extremas. Yo pude sobrellevarlo con un deporte que me permitía no pensar demasiado. Pero, hubo compañeros que tuvieron que silenciar su condición de veteranos de guerra para insertarse de nuevo en la sociedad o que cayeron en el alcoholismo o las drogas. Nuestro drama no terminó con el fin de la guerra.
Sigue siendo un proceso largo y penoso porque no existe una política de Estado respecto de Malvinas. Ni siquiera sabemos cuántos veteranos somos. Al volver, éramos 14 mil. Unos 15 o 20 años después, sumaron 10 mil. Quienes se jactan hoy de la democracia nos siguen tratando como si fuéramos militares.” (Escobedo)

“No es tan difícil sacar un padrón de quienes estuvimos en Malvinas. Cada persona que pasó por el Estado Mayor del Ejército o del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires agregó miles de personas. Cada uno de los veteranos de guerra cobramos una pensión de por vida. Cada uno de los 14 mil cobraríamos más si no hubieran agregado 10 mil personas al padrón. Yo no necesito la pensión para vivir porque tengo trabajo. Me viene bien, obviamente, y prefiero cobrarla antes de que otro me la robe. Pero, hay compañeros que necesitan una pensión mayor para sustentar a su familia porque, por ejemplo, tienen trabajos marginales.” (Lapajufker)

“Es muy fácil averiguar quiénes son las 10 mil personas sumadas al padrón inicial de 14 mil. Pagarles a personas que no estuvieron en Malvinas es una burla no sólo para nosotros que podemos contarla, sino para los chicos que murieron y sus familiares y los veteranos que necesitan el dinero. Esto fue un cachetazo de algunos políticos o de algunos gobiernos que abrieron generosamente el padrón de Malvinas.” (Rosasco)

“No sabíamos que íbamos a una guerra. La información que teníamos era que íbamos a ocupar las Islas Malvinas, que habían sido recuperadas. El lío se armó cuando nos enteramos que los tipos (ingleses) estaban decididos a recuperar lo que teóricamente les habían robado. Cada uno de nosotros vivió, a partir de ese momento, un cambio de postura, de sensaciones. Nos cayó la ficha el 1 de mayo, cuando empezaron los ataques ingleses, un mes después de haber llegado a Malvinas.” (Rosasco)

“Los cuatro generales que estuvieron en Malvinas no combatieron. Ninguno estuvo al frente de las tropas. Estaban bien vestidos, engominados y acompañados por un séquito de alcahuetes.” (Rosasco)

“En Malvinas, los enemigos fueron los dos (ingleses y dictadura militar). Uno por su forma de vivir de ir tomando partes en todo el mundo. El otro porque, de haber salido bien (la guerra), todavía no habríamos vuelto a la democracia.” (Tellini)

“No nos poníamos a pensar si íbamos ganando o perdiendo. Queríamos sobrevivir y que el calvario terminara. Nosotros no teníamos nada que hacer ahí (en Malvinas). Nosotros no habíamos elegido eso (carrera militar).” (Escobedo)

“Cuando terminó Malvinas, dije: ‘Por fin acabó esta locura’. Volví a vivir.” (Rosasco)

 “No quisiera morirme sin volver a Malvinas y rendirle homenaje a los compañeros que murieron en combate.” (Escobedo)

“Se está luchando para que las Malvinas vuelvan a ser argentinas. Antes de la guerra, Inglaterra quería una soberanía compartida. Esta vía, creo, será la única manera de recuperar la soberanía. Nosotros asesoramos ad honorem a los políticos para que implementen las medidas necesarias para recuperar la soberanía. Este logro cerraría, de alguna manera, nuestra historia (la de los veteranos de guerra): ver que nuestro sacrificio no fue en vano. Por lo menos, suplir la aberración que representa presentar pasaporte argentino si queremos viajar a Malvinas.” (Tellini)

volver

TEA
Lavalle 2083 (C1051ABE)
Buenos Aires, Argentina.
Telefax: 4374-7912 / 6751
4371-8020
E-mail: tea@tea.edu